Se entregó el Premio CIIE a la Innovación Educativa en la UTNBA

Fue reconocido el trabajo de Julian Drangosch, docente de Física II.

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El martes 7 de agosto se realizó en el Aula Magna la segunda Jornada de Innovación Educativa, organizada por el Centro de Investigación e Innovación Educativa de la UTN Buenos Aires. Durante el encuentro se conoció al ganador del Premio CIIE; se trata de Julián Drangosch, docente de la asignatura Física II, quien implementó el uso de dispositivos electrónicos aplicados a la enseñanza en el aula, y desarrolló un espacio virtual donde organizó contenidos, aplicaciones, libros y simulaciones, afines a los contenidos y los objetivos de la materia.

Durante la Jornada, además, tuvo lugar una conferencia a cargo del Dr. Raúl Santiago, Director del Máster “Metodologías y Tecnologías Emergentes aplicadas a la Educación”, de la Universidad de La Rioja (España) y experto en metodología “Flipped Learning” (Aprendizaje Invertido).

 

Docentes innovadores

El Premio CIIE se entregó por primera vez en 2017. El ganador, entonces, fue el Prof. Oscar Bruno.

El Ing. Uriel Cukierman, Director del CIIE, aseguró que a través de este reconocimiento “queremos destacar la labor de los docentes que hacen un poquito más, que innovan y tratan de ver la manera de que los alumnos aprendan mejor. La mayoría de nuestros docentes hacen un poco más, se preocupan por tratar de investigar y aprender, entonces lo que queremos hacer es dar esa señal, a todos, que a la facultad le importa y le preocupa eso y quiere incentivar a que los docentes hagan ese esfuerzo extra para innovar y hacer las cosas un poquito mejor”.

El 50% de los proyectos finalistas son docentes del primer y segundo año de carrera. “Me alegro que así sea porque la mayor parte de la deserción de estudiantes es entre el primero y el segundo año entonces, que haya docentes en esos primeros años intentando hacer algo para mejorar la calidad de los aprendizajes y de la mano de eso la retención de esos alumnos es vital para el futuro de la educación, de la Ingeniería y de nuestra Universidad en particular”, reflexionó Cukierman.

Los finalistas de la segunda edición del Premio CIIE fueron:

  • El Prof. Sergio Silvestri, docente de Física I, trabaja la integración áulica con el teléfono celular; “tratamos de ir adaptándonos a las nuevas tecnologías que manejan los alumnos, como es el teléfono celular. Hace unos años era un problema para dar clase, un inconveniente que a los profesores ponía nervioso y molestaba, -comentó Silvestri-. Le buscamos la vuelta para que al mirar al celular se encuentren con algo que tenga ver que con lo que pasa en el aula”.

Silvestri comenzó así a trabajar con la aplicación Telegram: “Con cada curso tengo un grupo y un canal que lo uso para dar información de una sola vía para que sea rápida y concreta y que le sirva al alumno para orientarse. Además utilizo un grupo donde participan todos los alumnos y se cruzan entre ellos en cuanto a las necesidades de información; se pasan lo que dio el profesor porque no estuvieron y yo si hace falta intervengo ya que soy el administrador del grupo. También sirve para adelantarles las notas de los parciales. Después hay otras herramientas más como para ir punzando si los alumnos van aprendiendo o no, van entendiendo o no, y forzándolos a que estén vinculados con la materia”.

Asimismo, este método le brinda información acerca del desempeño grupal e individual mucho antes de cada parcial, “y me permite hacer correcciones a tiempo para mejorar resultados de aprendizaje”.

A este trabajo Silvestri sumó  una aplicación desarrollada en la Facultad, creada en conjunto con otros docentes y estudiantes de Ingeniería en Sistemas de Información: “Nosotros armamos los contenidos, y los alumnos le dieron forma para que eso se pudiera ver en un celular. Conseguimos que un tema del programa, Física 1 en mi caso, sea  presentado desde el celular. De esta forma logramos aprovechar el teléfono como una herramienta para nosotros”, sostuvo.

El profesor admite que la primera reacción entre sus estudiantes es de sorpresa: “Después hay una aceptación inmediata. Verlos trabajar en clase con el celular genera un shock porque antes uno pensaba que el alumno estaba haciendo cualquier otra cosa y ahora uno ve que esta con los apuntes de la universidad, con un problema que circuló por el grupo, haciendo alguna consulta o mandándole información a compañeros ausentes, todo esto durante la clase. Seguramente en algún momento se distraerán con Facebook o algún mensaje pero la mayor parte del tiempo lo usan para esto. Si necesitan un dato que no está en la guía de problemas lo pueden buscar en Wikipedia, que nos sirve dentro del aula también, -desarrolló Silvestri-. En cuanto a los resultados de desempeño de los alumnos es más difícil de evaluar porque cada uno en particular es distinto a cualquier otro. Se necesitaría tener una estadística previa. Pero por lo menos se desempeña más cómodo y eso ya mejora la atención con el docente y con la materia”.

Para finalizar, Silvestri sostuvo que es docente hace 38 años (desde hace 6 años en la UTN) “y siempre estuve innovando cuando me lo permitieron o lo pude hacer, -explicó-. Una de las cosas que tienen que pasar en el Aula es que el docente no se aburra. Si la clase es aburrida es porque el docente lo está. Yo dicto física, en particular mecánica clásica que está consignada hace casi 500 años entonces muchas novedades o posibilidades que aparezcan descubrimientos en esto no hay, pero sí hay cambios en cuanto a las metodologías. Yo no puedo repetir lo mismo durante 38 años. Eso no nos puede pasar nunca. Hay que estar a tono con las nuevas tecnologías y los cambios metodológicos que corresponden a los alumnos que tenemos hoy que son muy distintos a como fuimos nosotros y a los primeros alumnos que tuve alguna vez. A esta altura con tantos años de experiencia el docente lo que tiene que hacer es apoyar a los docentes jóvenes, a las instituciones. Tiene que ocupar otro lugar. No es que no tiene que trabajar, pero hay un momento en el que el docente tiene que, no retirarse permanentemente, pero no puede estar arriba del aula permanentemente”.  Y agregó como conclusión: “Innovar en educación no es comprar tecnología y usarlas como se pueda, sino integrarlas inteligentemente al aula. En ese marco, el docente se presenta como conductor del aprendizaje que puede desarrollar por sí mismo el alumno”.

 

  • Leonardo Costucica, docente Ing. Mecánica I, presentó una propuesta que “consta en la organización de un curso que recién se inician en la Universidad, como si fuera una organización productiva. Les proponemos a los estudiantes diseñar íntegramente una máquina. El objetivo es que todo el curso trabaje de una manera integrada y cooperativa, -expuso el docente-. Usan una metodología de división por tareas, en cuatro grandes grupos, simulando el trabajo de áreas o departamentos de una empresa, con sus propios líderes. El primero de los grupos se ocupa del diseño. Se hace un braimstorming donde todos los estudiantes aportan al diseño de la máquina. Luego ingresa al área de Calidad, que realiza informes periódicos sobre las tareas que se van desarrollando, y hace los controles pertinentes. Luego se encuentra con el área de procesos, encargado de desarrollar los flujogramas, así como definir tecnología y tiempos utilizados. Y finalmente el área de producción, encargada de ir al taller de la Facultad y hacer la fabricación de las piezas”.

Costucica aseguró que “así logramos que los estudiantes se entusiasmen con el desarrollo de un proyecto concreto. Los resultados de esta práctica han redundado en la Jornada del Día de la Innovación, que se realiza hace dos años”.

El profesor de la cátedra Ingeniería Mecánica I reflexionó: “Nos dimos cuenta que la forma en que enseñábamos, como docentes, no iba más. Que el mundo había cambiado y que necesitábamos adaptarnos a ese cambio de época, -sostuvo-. También hay un cambio en el rol del docente; dejamos de ser el transmisor del conocimiento, y pasamos a ser guías orientadores, que puedan resolver dudas. La idea es proponer algo que entusiasme al estudiante. Nos apoyamos en el modelo de construccionismo en pedagogía, una teoría del aprendizaje desarrollada por Seymour Papert, docente del MIT, que destaca la importancia de la acción; sostiene que las personas, al construir con sus manos, están construyendo conocimiento. El aprendizaje deja de ser abstracto y se vuelve concreto”.

Los resultados de esta metodología “nos han sorprendido mucho, tanto a los profesores como a los alumnos.  En 2017 propusimos hacer una máquina limadora, convencional, a escala reducida. Cada curso tuvo que enfrentar ese desafío. Lo positivo es que se trabaja cooperativamente, no competitivo, -comentó Costucica-. A diferencia de un problema matemático, en un problema de ingeniería la solución es múltiple; puede haber varias soluciones válidas. Lo que ves es como, partiendo de una misma premisa, el resultado es diferente”.

Por último Costucica comentó que este cambio en la metodología incidió también en los docentes. “Varió nuestra organización de cátedra y profundizó la interacción entre docentes. Mejoró nuestro vínculo, y la consideración que tienen de esta cátedra tanto autoridades departamentales como otros docentes de la Casa”, resumió.

 

  • Julian Drangosch, docente de Física II, incorporó innovación en el curso de verano, donde se desempeña hace algunos años: “Implementé dos estrategias. La primera, Trae tu propio dispositivo, propone que los estudiantes lleven al aula sus dispositivos electrónicos para interactuar con todo el contenido de la asignatura. La segunda estrategia es la del Aula invertida, en la que los estudiantes utilizan la mayor cantidad de su tiempo para trabajar activamente en su aprendizaje. Esta metodología consta en que el profesor se retraiga de su rol meramente expositor para dejar que los estudiantes se desarrollen: se autoeduquen y autoenseñen, contando con el profesor como guía o tutor de ese proceso”, explicó Drangosch.

Para eso este año construyó un espacio en la plataforma Trello: “allí hay una tarjeta con el trabajo a realizar en cada uno de los días.  Cada uno de ellos tiene los objetivos y contenidos en los que los estudiantes tienen que trabajar ese día, y los conceptos que tienen que manejar para el final. Para eso incorporamos bibliografía, videos, estrategias para resolver problemas, ejercitación, simuladores y computación, y contenido extra como habilidades de estudio o historia”, comentó el docente.

Los cambios comenzaron hace algunos años atrás: “Yo había empezado a cursar la Maestría en Docencia Universitaria; le dediqué bastante tiempo a pensar qué era lo que yo quería hacer como docente y me dejé de sentir cómodo con ese rol de expositor, porque no era tampoco en lo que yo creía”, desarrolló.

Si bien el docente admitió que “hay mucho para mejorar”, señaló que “tengo muy buen feedback. Siempre me cruzo a ex estudiantes, y todos me agradecen la forma del curso, porque se dan cuenta de que ellos son los que aprenden. Me comentan que se les hace más fácil y más ameno”.

Los resultados, además, así lo atestiguan. “En 2017 el 17% de los estudiantes firmó la materia Física I y el 13% la promocionó. Si se compara con el curso de verano, vemos que el 44% firmó la materia y el 4% la promocionó”, precisó Drangosch.

Asimismo, sostuvo que “alcanzamos una aprobación del 80 y 90% de los estudiantes que se quedan en el curso, que para el promedio de Ciencias Básicas ronda el 35%”.