“Yo era una persona antes de Malvinas; después de Malvinas era otra”

El 2 de abril se conmemoraron los 36 años del desembarco de las tropas argentinas en las Islas. Como todos los años, la Facultad homenajea a los veteranos que fueron además graduados de esta Casa de Altos Estudios.

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El Ing. Electrónico Carlos Sztaynberg, es graduado de la UTN Buenos Aires y veterano de la Guerra de Malvinas. A través suyo la Facultad quiso homenajear a todos los hombres que pelearon por la patria y destacar su capacidad para reponerse e ir tras sus sueños.

Una vez que finalizó la Guerra, para los sobrevivientes se inició un largo camino en busca de aprender a vivir con ese hecho traumático. Algunos de ellos inclusive lograron retomar sus estudios y finalizar sus carreras, ese fue el caso del Ing. Sztaynberg: “cuando me convocaron para la Guerra estaba avanzado en la Facultad, con muy buenas notas. Me faltaban 13 finales y cursar 3 materias”. Y si bien rendirlos le llevó más tiempo de lo que esperaba, volvió decidido a finalizar sus estudios: “9 años me costó esa pelea, esa batalla. Yo era una persona antes de Malvinas, con concentración, con motivación. Era referente en mi trabajo, buen estudiante, con buenas notas. Después de Malvinas era otra, sin darme cuenta y sintiéndome muy frustrado, perdí concentración”.

“Fue largo el proceso de superación que implicó la posguerra. Me casé a los 47 y fuimos una pareja con temas de fertilidad, la peleamos. Esa es la vida. Y a eso apostamos los sobrevivientes. La nena llegó a mis 56 años”, sostuvo el veterano.

El combate

Sztaynberg llegó a las Islas en un avión que había partido desde El Palomar, el martes 13 de abril de 1982, y regresó a bordo del buque ARA Bahía Paraíso, entre el 13 y el 17 de junio.

“Tenía problemas de espalda, por lo que volví en el Bahía Paraíso que era un barco hospital”, recordó el veterano.

Durante la Guerra Sztaynberg estuvo en la compañía de Ingenieros 10 del ejército, en Puerto Argentino: “antes del hundimiento del crucero General Belgrano estaba en los pozos, alrededor de la ciudad, en la montaña. Cuando supimos del hundimiento, nos dimos cuenta que el conflicto era inminente. Como yo ya tenía conocimientos de radio y telecomunicaciones me pidieron que me centrara en una covacha semihundida entre dos casas, a pocas cuadras de la gobernación, donde funcionaba la Secretaría de Obras Públicas”, recordó.

“Como ingeniero tenía una función vinculada a la logística, vaciar los pozos de agua, hacer los puentes. Estábamos cerca de la planta potabilizadora, que era un blanco importante, y estaba muy nervioso con mis compañeros porque controlaba la electricidad, la planta de agua. Esas eran parte de las misiones que tenía la Compañía de Ingenieros”, sostuvo Sztaynberg.

Volver a casa

Si bien el veterano consideró que le llevó mucho tiempo finalizar su carrera, logró obtener su título de Ingeniero en la UTNBA.  “Después de Malvinas, sin darme cuenta y sintiéndome muy frustrado, perdí concentración. Yo no sabía lo que me pasaba, me retraía, no era algo que yo hablara. Perdí también motivación. Vine con la inercia de no saber si al día siguiente iba a estar vivo. Y eso me hacía vivir mucho cada día, estar con amigos”, recordó.

En ese sentido, el graduado recordó que docentes de la Facultad le ofrecieron ayuda, e inclusive el entonces Decano de la Facultad Regional General Pacheco le envió una carta a su familia: “hubo profesores que me tendieron una mano cuando volví. Antes de irme la Facultad era una prioridad, cuando volví había pasado a otro plano. Vivía todo eso un poco frustrado, con un poco de vergüenza. Yo no tomé ninguna de las ayudas; sí recibí la carta del Decano de Pacheco, que fue más para mi familia porque yo desmalvinicé, durante 25 años no quise tocar el tema”, aseguró.

Sztaynberg explicó que se dio cuenta del impacto psicológico que había tenía en él la Guerra cuando se reencontró con otros veteranos: “cuando me reencontré empezamos a cerrar historias y me di cuenta que era como un enemigo invisible, que estaba dentro mío, que de alguna manera, tenía el cartón lleno. No me concentraba, tenía cierto grado de conflicto con la autoridad, no podía cargar con más responsabilidades, que es un tema común entre los veteranos”.

Cuando se cumplieron 25 años del conflicto armado los veteranos se reunieron y eso les permitió poner en común sus sensaciones e intercambiar experiencias: “me fui enterando que lo que me pasaba a mí era lo que les pasaba a todos. Eso fue muy reparador, como son reparadores los espacios en los que uno puede contar lo que pasó, sin naturalizarlo, y recibir el reconocimiento de personas, de oyentes, que se sensibilizan con el tema”, aseguró.

“A partir de ese momento –continuó- me cambió la vida en muchos sentidos porque tuve acceso a profesionales muy especializados”.

El trabajo

Al regresar de la Guerra, Sztaynberg mantuvo su trabajo en Fabricaciones Militares unos años más, en el área de Proyecto y Desarrollo; luego ingresó a la empresa Telconet y de allí a Check Point que hoy fue comprada por otra empresa canadiense. “En esta última alcancé la jefatura de laboratorio. Después me volqué a la docencia, había sido papá recientemente y comencé a dictar clases en la Universidad de La Matanza (UNLAM) para tres materias. Ahora soy docente de la Licenciatura de Artes Electrónicas de la Universidad de Tres de Febrero, en las cátedras de Electrónica I y Electrónica Aplicada II. Es fascinante porque los alumnos son artistas, así que ellos me hacen menos aparato, más humano, y yo les doy un poco de disciplina y de metodología, que la necesitan”, sostuvo.

La llegada de su hija

Sztaynberg recordó la emoción que sintió cuando supo que sería padre y en el momento del nacimiento de su hija: “creo que fue lo más lindo que me pasó en la vida. Nos cambió absolutamente todo, porque veníamos viviendo de una manera y siento que aprendimos a vivir. A mí me ayudó enormemente, me dio fuerza para esta lucha de posguerra: tengo que estar bien sí o sí, no tengo alternativa”.

En ese sentido, el veterano destacó que “la docencia con horarios repartidos me da la posibilidad de verla crecer; llevarla al colegio, ayudarla con la tarea. Estoy conforme con lo que conseguí. Malvinas es parte de mi vida, estoy orgulloso de eso. No lo hubiera elegido, pero lo tomo con el valor que tiene”.