La UTN Buenos Aires llega a la Antártida

Miembros de un grupo de investigación de la UTN Buenos Aires desarrollaron, calibraron e hicieron mediciones en profundidad con un radar en el glaciar Bahía del Diablo, ubicado en la Antártida Argentina. Además, instalaron una estación meteorológica también producida en el marco del PID.

Miembros de un grupo de investigación de la UTN Buenos Aires desarrollaron, calibraron e hicieron mediciones en profundidad con un radar en el glaciar Bahía del Diablo, ubicado en la Antártida Argentina. Además, instalaron una estación meteorológica también producida en el marco del PID. 

Desde 2014 funciona en la UTN Buenos Aires el proyecto de investigación “Estudios Medioambientales mediante sensado y detección remotos”, dedicado a energías renovables y cambio climático. El proyecto nació por iniciativa de su Director, Dr. Néstor Rotstein, docente de la Facultad, especializado en Flujos y Estabilidad de Plasmas Astrofísicos; y se incorporaron el Ing. Sebastián Marinsek, graduado de Ingeniería Electrónica que realiza un Doctorado en Ingeniería, mención Procesamiento de Señales e Imágenes en Facultad; Mohamed Ríos,  estudiante de Sistemas en la UTN.BA y de la Licenciatura en Matemáticas en la UBA; y los estudiantes Sebastián Bedín y Agustín De Carlo, ambos de Ingeniería Electrónica de la Facultad.

El Dr. Rotstein explica: “Nuestro trabajo se basa en el sensado, detección y recolección de datos medioambientales de manera remota. La temática ambiental supone muchos factores, como son la polución, el tratamiento de aguas, las energías limpias, y el calentamiento global, entre otros. Entre estos aspectos, nosotros nos abocamos al cambio climático y a las energías renovables, dos temas íntimamente relacionados”.

A través del Ing. Marinsek, Jefe del Departamento de Glaciología del Instituto Antártico Argentino (IAA), surgió la posibilidad de desarrollar y calibrar un radar para ser utilizado específicamente en el glaciar Bahía del Diablo, ubicado en la Antártida.  A raíz de ello, a través de la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Facultad se abrió una convocatoria para otorgar una beca a un estudiante de Ingeniería Electrónica avanzado para que desarrollara, adaptara y calibrara el radar. “La beca fue otorgada a Agustín De Carlo, que reunía todas las condiciones humanas y técnicas para sumarse al proyecto; fue elegido entre 30 postulantes de excelencia”, rememora el Dr. Rotstein, quien destaca el apoyo constante de la Facultad a la hora de organizar la logística del proyecto.

Con el radar ya calibrado y probado, fue Sebastián Bedín el encargado de trasladar y utilizar el dispositivo en el glaciar durante la campaña de verano 2015. Llegó en enero, durante ese mes estuvo instalado en la Base Marambio, haciendo los preparativos correspondientes; y en febrero fue trasladado en helicóptero a la Isla Vega, a 60 kilómetros de distancia, donde se encuentra el glaciar Bahía del Diablo. “El traslado del equipo es muy riesgoso, por lo que se lleva todo desarmado y empaquetado de la mejor forma posible. Hacía un promedio de 4 grados; y llegamos a estar con 10 grados bajo cero. Los dispositivos electrónicos no funcionan de la misma manera a  esa temperatura, incluso los materiales de los gabinetes se vuelven más frágiles”, cuenta Bedín, quien en total caminó 30 kilómetros sobre la superficie glaciaria para realizar las mediciones con el radar, además de las caminatas para transportar e instalar la estación meteorológica. Adicionalmente llevó consigo un dron de producción nacional con el objetivo de tomar fotografías, e instaló dos torres con cámaras que hoy están funcionando, enviando datos a Marambio que a su vez son retransmitidos a Buenos Aires a través de Internet.

El radar desarrollado por De Carlo en el marco del proyecto busca detectar la forma del lecho del glaciar. “De alguna manera un glaciar es una masa de hielo apoyada sobre un lecho, y lo que tratamos es de medir la velocidad en su base a través del modelo teórico que desarrollamos, que requiere del conocimiento de la forma precisa de ese lecho glaciario”, explica el Dr. Rotstein. El trabajo se completa con la labor de Mohamed Rios, quien interpreta los datos que se obtienen del radar. El Director del proyecto agrega: “En función de los datos que obtenemos en la superficie es que podemos inferir qué es lo que está ocurriendo en la base”. Los miembros del grupo de investigación coinciden en que la importancia de este desarrollo radica en que la Antártida está estrechamente relacionada con todo lo incumbe al cambio climático a nivel global.

En este marco, durante tres semanas Sebastián Bedín compartió la experiencia con un topógrafo y un geólogo; sus días laborales se extendían de 10 a 12 horas, con cuatro más de caminata, en una geografía donde sólo hay tres horas de oscuridad durante el mes de febrero. La última semana se sumó el Ing. Sebastián Marinsek, Jefe de la campaña, junto a otros expedicionarios europeos. Las comunicaciones por radio con la Base Marambio se cortaban cada día a las 22hs. “Fue una experiencia única. Cuando ingresé en el proyecto no imaginé llegar a la Antártida. A pesar de las condiciones climáticas y de la falta de comunicación, cuando terminé mi trabajo le pedí a Sebastián (Marinsek) volver en 2016”, se entusiasma Bedín.

El Director del proyecto, Dr. Néstor Rotstein adelanta: “Esperamos poder cumplir con el objetivo de no tener que volver al glaciar para ver cómo evoluciona; que todas las mediciones continúen siendo remotas. Este radar va a seguir funcionando; queremos optimizarlo y desarrollar otros dispositivos para tomar más información profunda sobre el Bahía del Diablo. Lo que hicimos hasta ahora fue conocer qué ocurre en su lecho; ahora queremos saber qué ocurre en todo su interior”.

Esta y otras experiencias realizadas por grupos de investigación y desarrollo de la UTN Buenos Aires funcionan como incentivo a nuevos becarios, y generar producidos que pueden derramar a otras áreas. “Esta experiencia es un estímulo para todos los estudiantes interesados en investigación; y el dispositivo a mediano plazo puede aprovecharse en otras áreas, más allá de su aplicación en un glaciar. Esto demuestra que la impronta de un tecnológico está puesta al servicio de una acción concreta; y destaca el rol social que juega la Facultad a través de estos proyectos”, concluye el Dr. Rotstein.

Sobre el glaciar

El glaciar Bahía del Diablo está ubicado en la Isla Vega, en la Península Antártica, dentro de los territorios que la Argentina proclama como propios en el marco del Tratado Antártico, que rige desde 1961. Se trata de un glaciar relativamente pequeño, de entre 13 y 14 kilómetros cuadrados; y está dentro del Servicio Mundial de Monitoreo de Glaciares de la UNESCO.

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